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Israfel
Amargánth, Phantásien

Toco, canto, pateo gente (no, no bailo), escribo cuentos, dibujo feo y hago explotar cosas. "...y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno..." ("Retrato", Antonio Machado)
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5/04/2006

El fin del mundo


Los científicos nunca se dieron cuenta. Supongo que estaban menos preparados para esto que el resto de la población mundial. Y es que el hombre de ciencia común es distinto al resto de la gente, en el sentido de que a pesar de profesar alguna religión, no suelen seguir ciegamente sus preceptos, y como buenos filósofos cuestionan muchas veces y no creen las cosas sólo porque alguien las diga, sino que requieren pruebas fehacientes. Son un clan de Tomases, en cierto modo.


Y en cierto modo, la mayoría de las tradiciones religiosas tienen visiones similares de la divinidad, de la historia del hombre, de su vida y de su futuro. Por eso, cuando los hombres de ciencia se toparon con este hecho innegable, el estupor y el desconcierto resultantes fueron parecidos a los que sentirían si al ir caminando por la calle alzaran la vista y vieran cómo un piano o una caja fuerte marca ACME se estrella de lleno contra su cabeza. Lo mismo me pasó a mí. O tal vez peor.


Y así siendo yo cristiano de nacimiento pero científico de profesión, teniendo yo mi muy personal visión de dios, el hombre y el universo, el descubrimiento me golpeó con una fuerza tal que literalmente me derrumbé de miedo. El fin del mundo. ¿A quién se le hubiera ocurrido?


En el momento en el que se dio la noticia yo me encontraba realizando un estudio sobre las propiedades termodinámicas de no sé que cosa que ya no recuerdo ni me importa ahora. Claro, al principio me dije a mi mismo: “Debe ser el muy hijo de puta de Maussán alborotando miedos con otro pinche meteorito.” Y así, en el momento, no le dí mucha importancia. Fue como el día que me levanté temprano en la mañana, encendí la tele y ví el WTC hecho mierda, y dije “Ah, que buenos efectos especiales tienen las películas de ahora.” Igual. Llegué a casa tarde, encendí la televisión y en todos los canales estaban las noticias hablando del inminente fin del mundo. López Dóriga, Lilly Téllez, Sarmiento, Kent Brockman y Tom Brokaw recontratado, todos hablando de lo mismo. El fin del mundo.


Y claro, en el momento, me dije a mi mismo: “Bueno, pues se acaba y ya. Ni modo que pueda hacer algo al respecto.” La sangre mexicana hablando en mí. Pero al cabo de tres horas, la idea entró en acción como sí me hubiesen inyectado con alguna clase de veneno que poco a poco, lentamente, empezaba a recorrer mi cuerpo entero, causando primero una ligera sensación de intranquilidad e incomodidad, pasando luego al malestar, y finalmente a una certidumbre de muerte acompañada del pánico correspondiente. “¡El fin del mundo! ¡Putísima madre! ”


Obviamente, al igual que con el veneno, para cuando el pánico entró, ya no quedaba nada que hacer. Sólo un vacío y un tremendo sentimiento de impotencia.


“¿Pero cómo jodidos puede ser que sea el fin del mundo y nunca nadie se diera cuenta? De verdad que somos un planeta de idiotas. Mierda. Mierrrda!! De haber sabido hace seis meses, me hubiera vuelto a gastar todo mi dinero como la vez del Toutatis, y nos hubiéramos ido de viaje, a visitar a los amigos y la familia. Digo, si ya sabes que se va a acabar el puto mundo, pues ¿Qué chingados más vas a hacer? Por lo menos me hubiera salido de este jodido infierno y me hubiera ido de viaje a Cuernavaca, a Oaxaca, a Ginebra o a Tombuctú, aunque viéndolo bien, con eso de las ondas cálidas yo creo que estaba igual de infernal por allá. ¡Y no nos dimos cuenta! Qué estúpidos, de verdad, ¡que estúpidos!”


Mejor me hubiera puesto a escribir canciones, que es lo que de verdad me gusta y nunca hice por temor al fracaso. Un temor fundado, ciertamente, pero en este momento que más da. O gastarme todo mi dinero en mi lista de libros pendientes, y ponerme a leer como si viniera el fin del mundo. Ahora me voy sin leer la colección completa de García Márquez ni el último libro de Harry Potter. De verdad me pudre que se tenga que acabar el pinche mundo cuando me quedaban tantas cosas por hacer.


O me hubiera pasado el resto de mis días abrazado a mi mujer y diciéndole cuánto la amo, diciéndoselo de verdad de todas las maneras que existen e inventando formas nuevas por si no fueran bastantes, y besarla completa diciéndole ‘Te amo, te amo, te amo…’”


La verdad hubiera escrito un libro de cuentos en vez de escribir sobre los coeficientes de no sé qué pinche fenómeno, que en este momento no creo que nos vaya a servir de mucho, y que de verdad me viene valiendo madres. Sí, un libro de cuentos…

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3 comentarios:

Anonymous sarita said...

esta chido, me pone a reflexionar, pero se acabó o no????? que sigue????? sabes que soy desesperada, que sigue??????no te creas , te quiero mucho y me gusta lo que escribes! como dice mi pa, te equivocaste de profesión porque escribes muy bonito, pero la verdad es que tienes mucho talento en muchas áreas. Dios te bendiga siempre amor

5/04/2006 09:09:00 pm  


Blogger Pequeña Saltamontes said...

Suertuda tu mujer :)

Saludos, besos, abrazos y sonrisas.

8/02/2007 11:13:00 am  


Blogger Israfel said...

Y sí, era suertuda mi EX mujer.

Whatever works for her now...

8/03/2007 12:09:00 am  



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