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Toco, canto, pateo gente (no, no bailo), escribo cuentos, dibujo feo y hago explotar cosas. "...y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno..." ("Retrato", Antonio Machado)
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5/03/2006

Infinidad

Ouroboros

Abro los ojos. Estoy en mi cuarto, como casi todas las mañanas. No obstante, noto algo distinto, supongo que es el frío contrastando con el infierno en el que se convierte esta ciudad durante 10 meses al año. Tal vez es la falta de luz. O tal vez es que el año está por terminar, y llega el momento de estas cavilaciones sin sentido.

Un año más. ¿Qué hice este año? No mucho. Aunque, en realidad, no sé que se supone que debiera haber hecho. Es decir, ir a la escuela, tratar de ser el mejor en lo que hago, alimentarme sanamente, hacer ejercicio, buscar un buen empleo. ¿Realmente importa?

Salgo de la cama y entro al baño. Me miro al espejo, y me disgusto un poco menos que de costumbre. A la mierda, hoy no me rasuro. Rasurarme siempre me hace pensar en la filosofía. No recuerdo si era Aristóteles, que decía “¿qué caso tiene hacer la cama, si al final del día termina uno en ella?”. Así por lo menos puedo achacarle un trasfondo filosófico a mi aspecto desaliñado. Pero hoy medito un poco más al respecto, por lo menos más de lo que la gente cuerda tiende a meditar sobre un asunto tan insignificante.

Termino de bañarme, me visto sin hacer caso de lo que me pongo, y salgo de la casa hacia la parada del camión. Hay mucha gente alrededor, y sin embargo no conozco a nadie. Me paso el camino adivinando quienes son estas personas, de donde vienen, a donde van, a que se dedican...

Llego a la escuela y todo mundo me saluda. (¿Quién es todo mundo?). Yo, cortés como acostumbro, saludo a todo mundo, la mayor parte de las veces esforzándome para recordar nombres. En estos momentos me pongo a pensar en lo utilitario que es el ser humano, y en como sólo establecemos relaciones con la gente que nos puede proporcionar algo, en cualquier nivel. ¿Para qué?

Me doy cuenta de que todos los pensamientos que he tenido en el día se encuentran en cierto modo conectados, como mariposas revoloteando en torno de una misma flor. ¿Pero cuál es la flor? ¿Qué es este cosquilleo interior, esta sensación de que hay algo que falta, algo que no recuerdo, algo que no estoy viendo?

Me detengo a pensar si no olvidé cerrar la casa o darle de comer al perro. Pero no es eso. Es una inquietud un tanto más solemne. Me pasa cada año, lo sé, y siempre se me olvida. Se me olvida, porque de otro modo no me sería posible funcionar normalmente.

Pero ahora me doy cuenta.

Una playa desierta, al amanecer, filtro azul, gran angular. Cirros aborregados, el murmullo del vaivén de las olas. Camino sobre la fina arena húmeda, observando cómo mis huellas quedan plasmadas en la playa. He tenido la misma visión desde niño, y siempre me pregunto que significa. Miro hacia el frente, y veo mar hasta el horizonte. No puedo ver más allá del horizonte, eso es lo que hace al horizonte ser el horizonte. Sin embargo, no quiere decir que no haya algo más allá. Es simplemente que no puedo verlo. De hecho, lo que puedo ver tiende a cero comparado con lo que no alcanzo a ver. Pensándolo muy bien, vistos desde afuera, desde muy afuera, somos más bien insignificantes. Somos como son para mí los granos de arena de esta playa azul.

Me estremece el pensamiento de que la vida dura años, y que los años son instantes en la historia del universo, que posiblemente nada de lo que hagamos parece afectarle en un modo apreciable. La gente nace, vive y muere. Miles de millones de personas han pasado antes que nosotros ¿Quién se acuerda de ellos? Miles de millones pasarán después de nosotros. ¿Nos recordaran? ¿Quién se acordará cuando ya no haya nadie que recuerde? La humanidad, aunque aparentemente crece y madura, está enferma. Padece decaimiento radiactivo asintomático progresivo e irreversible.

La infinidad me aterra. Cierro los ojos.

Abro los ojos. Estoy en mi cuarto, como casi todas las mañanas....

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4 comentarios:

Anonymous sarita said...

si, a mi tambien me aterra, pero lo que mas me aterra de la infinidad es la precisión y perfección de lo más pequeño,y como todo es y somos reciclados, tkm

5/06/2006 10:16:00 pm  


Anonymous Tu má said...

Hijo me encantó tu reflexión sobre infinidad.. realmente es un análisis muy profundo y sabes llevarlo a uno por las imágenes descritas..soy tu fan! Ya sé que Sarita es la número uno, pero soy tu fan número dos..eh?

5/15/2006 08:48:00 pm  


Blogger Robert said...

Bueno, se que lees los comentarios a entradas viejitas, lo más destacable es lo de Aristóteles, no me la sabía, se la aplicaré a mi madre.

Y si, ¿quién, para qué, cómo, cuando, dónde? Y cualesquiera que sean los auxiliares, sólo sirven para hacernos más frustrante la vida.

5/09/2007 10:53:00 am  


Blogger Pequeña Saltamontes said...

No somos nada...

Saludos, besos, abrazos y sonrisas.

8/02/2007 11:10:00 am  



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